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Lácteos orgánicos

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Lácteos orgánicos

la llave de la jaula

 

Una vaca gorda y hermosa amanece en el granero, ansiosa por salir a recibir los rayos del Sol de cada día, oler el pasto, sentirlo, probarlo, rumiarlo, no sin antes alimentar a su pequeño becerro, hambriento de esas amorosas y sanas ubres llenas de leche y de vida. Cuando el granjero ve que la pancita del cachorro está por reventar, y feliz y saciado se aparta de la madre, entonces se acerca para ordeñarla con todo el amor, la delicadeza y el agradecimiento por tan suculento y nutritivo desayuno para su familia. Entonces la vaca, sabiéndose honrada, sintiéndose valorada y amada, hace de su día el más feliz, como cada uno hasta el fin de su vida.

Si existiera un paraíso, me gustaría que esta escena fuera parte de él, que sólo en esas condiciones el humano se atreviera consumir la leche de un animal, a transformarla en cremas, quesos y demás delicias derivadas de este precioso don de todos los mamíferos. Desafortunadamente, la realidad no es así. En algunas épocas lo fue, gracias a la conciencia de muchos granjeros, pero cada vez nos alejamos más… a medida que los humanos sobrepoblamos el mundo y nos volvemos más y más adictos a consumir.

Nos queda como consuelo, a los que soñamos con ese mismo cachito de paraíso, saber que no somos los únicos que anhelamos que este tipo de escenas sean lo normal, lo común, y no las excepciones. Nos queda como consuelo darnos cuenta de que podemos contribuir a que el sueño algún día vuelva a ser una realidad.

Como muy bien lo sabemos quienes estamos prefiriendo consumir productos orgánicos, no es la ignorancia sino la indiferencia uno de los peores males en esta época, pues de alguna manera nos hace ser parte de los problemas más terribles que existen.

En ocasiones, a pesar de que nos preocupemos por los animales, si no hacemos algo en favor de ellos, si somos indiferentes a su sufrimiento, también somos cómplices de este mal.  Es por eso que a veces necesitamos sacudirnos hasta que veamos las cosas desde un punto de vista diferente, para entender lo importante que es cambiar hábitos. Aunque duela hacer conciencia del horror que se vive dentro de la mayoría de las granjas industriales, el saber que hay gente que lucha a contracorriente, que nos trae a nuestras ciudades alimentos procedentes de un trato digno y amoroso, es un remanso de paz invaluable en la conciencia.

 

Todo se transforma en el instante en que probamos ese queso producido de modo orgánico: en lugar de dolor, miedo e inmovilidad dentro de jaulas y fierros, en lugar de la agonía de una madre a la que le quitan para siempre el hijo recién nacido, percibimos y gozamos la paz, los días soleados, la vida valiosa de cada ser bello de nuestro planeta.

 

Contacto:

Karla Winkler, psicoanalísta

karlawinkler@hotmail.com
Cel: 5519055039

 

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