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Depresión sonriente
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Depresión sonriente

Depresión sonriente

Todos hemos oído hablar de la depresión, y comúnmente nos imaginamos a aquellos que la padecen como personas tristes y decaídas; sin embargo, existe un tipo de depresión en la que la persona muestra una cara feliz y realiza sus actividades cotidianas de forma normal. Además, la persona deprimida podría parecer demasiado confiada para tener una ligera sospecha de que padece de este mal. Este tipo de depresión se llama Perfectly Hidden Depression (PHD) o, como se le dice habitualmente, depresión sonriente.

 

Técnicamente, es un síndrome, o un conjunto de características y comportamientos, que permiten a las personas que la padecen esconderse o separarse del dolor emocional. Eso no significa que el dolor no esté allí, o que no tenga ningún efecto.

 

Es difícil detectar a las personas que sufren de este tipo de depresión, porque incluso si la persona realmente está sufriendo no lo demuestra y en ocasiones no presenta los síntomas físicos clásicos como insomnio o falta de apetito y de energía. Incluso, muchas veces la persona no es consciente de su depresión debido a un mecanismo de “defensa” que se traduce en negación. Algunos ocultan sus sentimientos conscientemente, otros sienten que algo anda mal, pero continúan viviendo “normalmente”, ignorando sus propias necesidades y el dolor, esperando a que todos los malestares,  sentimientos y pensamientos negativos se vayan por sí solos.

 

¿Cómo se desarrolla?

Varios estudios han demostrado que el desarrollo de cualquier tipo de depresión es la forma en que una persona reacciona a las emociones negativas (pero necesarias, porque son reacciones humanas a diversos estímulos externos), como la tristeza, la frustración y la soledad, entre otros. Cuando la persona reacciona con un patrón repetitivo de pensamientos negativos, hay una mayor posibilidad de desarrollar depresión, porque éstos alimentan las emociones negativas, creando un círculo vicioso, hundiendo al individuo en un profundo sufrimiento del que no logra salir.

 

La persona con PHD muestra una cara feliz en el exterior mientras siente soledad en su interior, para evitar mostrar a otros la severidad de su problema, porque quieren mantener un ideal de sí mismos. La expectativa de verse y ser perfecto a los ojos de los demás, para no mostrar vulnerabilidad, se produce cuando a la persona se le enseña desde la infancia a ser siempre “perfecta” y cuando la persona recibe repetidamente respuestas negativas a los intentos de exteriorizar la tristeza, por ejemplo, así como cuando no se les enseña adecuadamente a canalizar la frustración o el enojo de una manera que no se vuelvan factores destructivos.

 

Los reproches de familiares o amistades para hacerlos sentir culpables o malos debido a esta externalización hacen que la persona eluda esta, para evitar lastimar o decepcionar a otros, sin mencionar que el niño aprende a evadir la experiencia de sentimientos negativos o a aislarse en sí mismo para poder sentirse cómodo para exteriorizarlos.  En definitiva, llorar ayuda mucho a liberarse de cargas (reales o no) y – no–, las lágrimas no son símbolo de debilidad, sino de intensidad de una emoción; recordemos que uno puede llorar tanto de alegría como de tristeza.

 

Algunas personas con PHD que han experimentado la reacción negativa de sus padres a estos sentimientos se han convencido de que centrarse en sí mismos es “egoísta”, por lo que sus necesidades no son lo más importante, sino las de los demás. Otro reacción común es una auto-estigmatización, creyendo que su infelicidad no es “lo suficientemente mala” como para hablar o que deberían ser capaces de manejarla solos.

 

Además, todavía hay mucho estigma asociado a la depresión (de hecho hacia cualquier padecimiento psicológico), lo que refuerza a la persona en cuestión en su decisión de no revelar, ni dejar entre ver su sufrimiento. Aunque se sientan atrapados por sus propios secretos, resulta ser más fácil sonreír que explicar cómo se siente, ya que no percibe ningún tipo de apoyo, aunque sí lo tenga, recordemos que el sujeto es consumido por sus propios pensamientos, que pueden llegar a modificar su percepción de la realidad.

 

Por lo mismo de que es un malestar que no se expresa y del que el sujeto suele no ocuparse, este tipo de depresión tiende a ser crónico. Esto provoca que la enfermedad se adhiera a la personalidad del individuo modificando sus modos de expresión, lo que causa, a su vez, que éste se olvide de quién era antes y cerrarse a las posibilidades de salir adelante, de reinvertarse, no para ser el mismo de antes, sino para ser una versión mejor.

 

¿Cómo salir del abismo?

Todos pasamos momentos difíciles en algún periodo de nuestras vidas, pero una de las formas de evitar caer en este (o cualquier) tipo de depresión es, primero que nada, eliminar el tabú en torno a la salud mental y malestares emocionales que tenemos, tanto a nivel individual como social. Al quitar el estigma, las personas que lo padecen dejarán de sentirse como bichos raros al tratar de abrirse.

 

Siempre debemos escuchar atentamente a los que nos rodean: a veces las personas con PHD (o simplemente con alguna angustia en el alma) dan pequeñas pistas sobre cómo se sienten; debemos aprender a identificarlas y a ser oyentes empáticos, para no juzgar o hacer que se sientan peor o más raros de lo que ya se sienten y perciben, antes de que la depresión gane más poder y lleguen al punto de ser capaces de terminar con sus vidas, consumidos por sus propios pensamientos.

 

Las personas con depresión sonriente mantienen su enfermedad en la sombra, con tácticas como retirarse de los planes sociales, no dar una respuesta honesta o dar respuestas evasivas cuando alguien les pregunta cómo se sienten; publicar fotos y frases con carga emocional densa, negativa o depresiva en las  redes sociales −estos medios suelen ser en muchos casos puertas al mundo interno de las personas, ya que la mayoría de las personas (en general) se sienten protegidas estando detrás de una pantalla−. Paradójicamente, suelen tener empatía y ser compresivos con el resentir de los todos, excepto para ellos mismos. Ojo, esto es indicativo de que algo no va bien siempre y cuando no sea su forma habitual de actuar. No es porque alguien parezca feliz y alegre con una “vida perfecta”, que él o ella sea inmune a las dolencias del psyche.

 

A nivel personal, el primer paso para la curación es aprender a aceptar los sentimientos negativos, admitir que también uno tiene derecho a sentirse mal y aceptar nuestra propia vulnerabilidad humana.

 

Existen diversas formas de exorcizar los demonios internos, como escribir todos los días tres cosas positivas que hayan pasado; no es necesario que sea una fuente de extrema felicidad, basta con cualquier cosa que haya generado un bienestar tímido. Uno de los ejercicios que más se recomienda es la auto terapia por medio de la escritura o el arte, el chiste es plasmar todo lo negativo como medio de desahogo; hay que recalcar que este tipo de producciones son única y exclusivamente para uno mismo, para dejarlas de acumular dentro de nosotros. Otra cuestión sumamente importante es mantener ocupada la mente en cosas positivas, haciendo ejercicio, realizando un proyecto o disfrutando de un pasatiempo, ya que recordemos que el ocio mal empleado es el padre de todos los males.

 

Otra cuestión imprescindible es el aceptar de que, al igual que los demás, uno no es perfecto y que tampoco lo tenemos que ser, siendo lo más importante el simple hecho de aceptar nuestros errores, aprender de ellos, así como de las altas y bajas de la vida para tratar de mejorar día a día.

 

 

Este artículo fue desarrollado por

Laura Tejeda Meza

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