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Budismo

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Budismo

Las enseñanzas para la felicidad

 

Según el budismo, doctrina religiosa presente principalmente en el este de Asia, la llave para una vida feliz y plena es el dominio del espíritu.

 

El aquí y el ahora

 

Una enseñanza central del budismo es el de vivir en el aquí y el ahora. La meditación es un buen método para entrenar la mente a éste fin; hay que recalcar que hay que dominar la mente para evitar que ésta nos domine y, por ende, nos haga prisioneros de nuestras emociones y pensamientos negativos, que generan sufrimiento. Esto no quiere decir que éstos se tengan  que reprimir, sino aceptarlos y dejarlos ir, que fluyan y desaparezcan para que no nos envenenen, por lo que el primer paso para la felicidad es el aprendizaje del control del espíritu. Esto quiere decir que hay que comprender que las emociones negativas son parte de lo que somos pero que si dejamos que nos dominen constituirán una fuente de sufrimiento para nosotros y nuestro entorno al alimentarse entre ellas. Al tomar conciencia de esto nuestra mente está más alerta y dispuesta a dejarlas fluir sin generar un juicio al respecto, con el fin de que no nos consuman, dejando en su lugar tranquilidad para la generación y desarrollo de emociones positivas a través de actitudes igualmente positivas.

 

Para esto, se puede aprender a meditar o simplemente empezar a utilizar todos los sentidos para disfrutar y analizar mejor el momento presente: escuchar, sentir, oler, observar… todo lo que está a nuestro alrededor, pudiendo generar asociaciones agradables a través de los sentidos. Tomemos en cuenta que el tomar conciencia del entorno en el que suceden las cosas es una manera de recopilar mayor y mejor información tanto del entorno como de lo que uno reciente para poder actuar sobre la misma.

 

Mindfulness es una habilidad que nos ayuda también a vivir plenamente en el presente. Es una noción preconizada por el budismo, la cual se refiere a la aptitud de observar lo que pasa dentro y fuera de mí, y de aceptarlo tal cual, sin adjudicar ningún tipo de etiqueta positiva o negativa. Las personas que practican esta aptitud tienen mayor facilidad en vivir en el presente, siendo también más abiertas a los comentarios y sucesos externos, generando una mayor felicidad.

 

All you need is love!

 

Todos los sabemos: el amor lo cura todo, y el amarse a sí mismo también es válido e incluso necesario. En este caso, cuando hablamos de amor propio no hablamos en cuestión narcisista, sino en cuestión de gratitud, de amabilidad y (auto) compasión.

 

Lo que importa no es lo que pasa a nuestro alrededor o lo que las demás personas piensan de cada uno de nosotros, sino lo que somos es verdad, el valor de cada uno, lo que implica una apreciación positiva de uno mismo: confianza, compasión y aceptación. Al tener una mirada positiva de uno mismo uno es capaz de extrapolar ese positivismo y amor hacia y respecto a los demás.

 

Es importante ser comprensivo y compasivo con uno mismo en los momentos difíciles de la existencia, reconocer que se es imperfecto y humano: es normal tener miedo e inseguridades, así como el fracaso es parte de la vida. De lo contrario, se generan sentimientos inadecuados que nos impidan seguir adelante.

 

El trabajar en la postura mental de uno respecto a uno mismo, al contexto y a los que nos rodea es una manera más eficaz de alcanzar y cultivar la felicidad, en vez de la búsqueda de satisfactores exteriores que sólo generan sufrimiento: cuestiones materiales, posición,  reconocimientos…

 

Recuerde también que la felicidad es contagiosa y que ésta aumenta al ser compartida, por lo que escoja sabiamente sus amistades, sea amable con todos y sustituya los celos por admiración.

 

 

Este artículo fue desarrollado por

Laura Tejeda Meza

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