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Bhaktapur, arroz al sol


Bhaktapur es una ciudad muy cerca de Kathmandú, en Nepal y su nombre quiere decir  Ciudad de los Devotos.

 

 

Por su ubicación este fue uno de los puntos más importantes para el desarrollo del comercio entre Tíbet y la India, desde 1993 es considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

 

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Bhaktapur está llena de plazas y templos dedicados a Buda y a otras deidades. Todos los días esos rincones se cubren de ofrendas, flores, velas, frutas, humo, gente cantando, rezando y participando activamente en los rituales.

 

 

Caminando por sus pequeños callejones se puede ver cómo vive la población y cómo trabaja afuera de sus casas elaborando artesanías, tejiendo en sus telares, atendiendo  pequeños puestos de frutas o vendiendo gallinas dentro de unas canastas.

 

 

Abundan los locales de telas, artesanías, tés, especias, animales y gente circulando de un lado a otro.

 

 

Nunca antes había visto cómo conservan el arroz recién cosechado. Me llamo la atención que lo ponen al exterior de las casas, sobre sábanas y poco a poco lo van moviendo con una escoba o pala, para que se seque al Sol. ¡Es impresionante que este proceso lo sigan haciendo a mano en esta zona!

 

 

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Algo que me sorprendió es que venden flores de cempasúchil para las ofrendas, y hasta hacen unos hermosos platitos tejidos con hojas y varitas en los que ponen un poco de cera, flores y frutas.

 

 

Es fascinante la cantidad de tés, mezclas de especias y sales que hay en Nepal. En un puestito en la calle compré semillas de anís verde, cardamomo negro, con un sabor muy intenso y especial, varios masalas (mezclas de especias) para preparar verduras, legumbres, te chai y por supuesto sal rosa y negra del Himalaya.

 

 

Siempre que viajo me gusta más ir a los lugares locales donde la gente compra sus alimentos, que solo ir a probar comida en restaurantes. Me gusta conocer en qué se basa su alimentación y de dónde vienen los sabores de su cocina.

 

 

Aunque en Nepal la comida es parecida a la hindú, me pareció un poco más sencilla, menos picante y con toques agridulces.

 

 

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De vuelta a Katmandú descubrí un restaurante llamado Krishnarpan, al entrar debes quitarte los zapatos y ofrecer un poco de tu primer plato de comida a los dioses, puedes elegir un menú de 6,12 o 22 tiempos y tienen el detalle de personalizarlo imprimiendo tu nombre en él para que te lo lleves de recuerdo.

 

 

Me encantó saber que todo lo que sirven proviene de su propio huerto y granja orgánica, así que se los recomiendo mucho si algún día andan por allá.

 

 

Hasta la próxima.

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